La mujer rural como agente de cambio

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J. Y./ Ciudad Real

Estoy de acuerdo con las voces que advierten del menosprecio social que sufre cualquier ámbito relacionado con el sistema agroalimentario. De una manera reduccionista, lo rural se vincula a lo pueblerino, a lo campesino, como mucho suena a pastoril, por aquello de las novelas bucólicas  de hace cinco siglos, que recogían historias imaginadas bajo las estrellas, con los héroes de arado y las damas del cántaro, siempre junto a sus animales del granero.

Lamujerruralcomoagen_61448_5748El valor social imbricado en los actuales sistemas socioeconómicos no contempla la reflexión más básica y lógica, que los alimentos y sus derivados “se fabrican” en la tierra y proceden de explotaciones agroganaderas, unos aprovechamientos que poseen la grandeza de pertenecer al sector primario, y que representan una escuela privilegiada sobre el ciclo de la vida.

Desde el principio de los tiempos, la mujer ha estado vinculada a la agricultura, mejor dicho a la agroecología que ahora se ha convertido en tendencia, pues mientras los hombres guerreaban y cazaban, ellas cuidaban de sus hijos y también del entorno, a través de la custodia de los insumos más naturales: las semillas y los granos.

A lo largo de los años, la producción de cereales, verduras, frutas, vinos, aceites, carnes o leche se ha ido mecanizando y dimensionando hasta alcanzar sistemas intensivos, en los que están detrás sociedades empresariales con abultados rendimientos económicos, dentro de un modelo capitalizado y globalizado.

Mientras tanto, medio mundo está amenazado por una emergencia alimentaria porque sus pobladores (mayoritariamente mujeres y niños) no son legítimos acreedores de la tierra y mucho menos de los inputs productivos, como la energía, el agua o la maquinaria, al estar excluidos del prototipo socioeconómico imperante.

Precisamente, el movimiento de las mujeres en diferentes partes del mundo ha impulsado una revisión de este escenario con una mirada críticoconstructiva, centrada en una apuesta por alternativas ecológicas y justas.

La agroecología, como forma mucho más saludable de obtener alimentos, tiene una cosmovisión relacionada directamente con el cuidado del entorno, muy femenino per se, y un planteamiento sostenible basado en la seguridad alimentaria, en la actualidad vislumbrado en forma de grupos de autoconsumo.

Si las mujeres de otras latitudes tuvieran menos dificultades para liderar esta pequeña agricultura, sus áreas de influencia tendría beneficios muy destacables.

Así lo dice la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), que ve “significativa” la contribución de las agricultoras a la economía rural, aunque reconoce su menor acceso a todo tipo de recursos -educación, servicios financieros, o tecnología-. De lo contrario, si pudieran disponer de ellos “aumentaría la producción agrícola, la seguridad alimentaria, el crecimiento económico y el bienestar social”, destaca la organización internacional.

Es una forma de empoderamiento que ONU-Mujeres ha impulsado a nivel mundial en zonas desfavorecidas de países como La India o de África, con el fin de activar su liderazgo y participación.

En escenarios teóricamente más igualitarios como los países europeos y España, las mujeres también son verdaderos agentes de cambio en los entornos rurales, no sólo como titulares de sus explotaciones, sino como custodias de la naturaleza, la familia y las tradiciones, además de ser sujeto directo de fijación de población.

Siempre ligadas a modelos basados en la cooperación, las agricultoras son dinamizadoras de su entorno a través de una agroecológica con gran calado preservador.

Mar Cabanes, de Agroecología y Soberanía Alimentaria en Castilla-La Mancha (Asacam) apunta que las mujeres de los núcleos rurales, “se han encargado tradicionalmente de los huertos familiares, que se situaban cerca de la casa y entraban dentro de la economía doméstica”, mientras que sus maridos “trabajaban por cuenta ajena o en grandes superficies”. La ecofeminista destaca el potencial femenino a la hora de “crear redes locales”, un rol que se adapta perfectamente a las experiencias agroecológicas que asesoran desde Asacam en la provincia de Ciudad Real. “Vemos que este tipo de proyectos son más pequeños pero están vinculados a las relaciones personales y los cuidados, y también con la promoción de una alimentación saludable”.

“La mujer es más realista, menos industrial, con un modelo más a pequeña escala”, reitera Cabanes, que apunta que también realiza “una labor pública, política y económica, al tener acceso al mercado”, lo que la ayuda a “crecer y a empoderarse”.

Marta Moreno, profesora de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Ciudad Real aprecia otro valor que aportan las mujeres a la agroecología como es la conservación de la variedades vegetales de sus territorios. A través de su dilatada experiencia investigadora, la profesora ha podido comprobar cómo tradicionalmente la selección y manipulación de semillas es una tarea de mujeres, una “inquietud” que pone de manifiesto la “sensibilidad” femenina hacia el bienestar alimentario y la protección del medio ambiente.

Moreno valoriza este “importante papel” para la posterior clasificación del material vegetal y la selección de germoplasma que han centrado algunos de los proyectos que ha liderado la investigadora.

La experiencia

La ciudarrealeña Isabel Calle Calle es la titular de una explotación familiar en La Poblachuela, una zona de gran tradición hortícola de la capital. Ingeniera agrónoma de formación (también estudió un máster de investigación), eligió como salida profesional seguir con el cultivo de los huertos e invernaderos cuando su padre se iba a jubilar. Además de sembrar todo tipo de hortalizas como pimientos, tomates, puerros, acelgas, cebollas, calabazas o zanahorias (que luego vende en un puesto del mercado de abastos), produce semillas a partir del fruto, la posterior germinación de la simiente, y el desarrollo de la plántula para su trasplantado. Su producción en dos cosechas es totalmente biológica, con un gran número de variedades “muchas de ellas autóctonas”.

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